Hoy seguimos con los consejos prácticos sobre el mundillo de la escritura. Pero antes para zanjar el tema anterior dedicado a los esquemas de la trama, diré que aunque parezca fácil no lo es. Muchas personas con intención de escribir, no encuentran la forma de ordenar todas esas ideas que bullen en su interior y algunas recurren a talleres de escritura o cursos personalizados, dónde les orientan según lo que busquen. Las obras que nacen de este método, se las conocen normalmente como "novelas de laboratorio" y las clases las suele impartir un profesional del medio.¡Ojo!, no significa que el profesor vaya a escribir por ti la novela ni muchísimo menos, pero cuenta con los conocimientos suficientes para asesorarte y ayudarte a superar los famosos bloqueos que nos estancan.Volvamos al tema que nos ocupa hoy, "personajes". Los personajes son la otra parte imprescindible de la historia. ¡Es más!, sin ellos directamente no hay historia que narrar XD. Pero crear a esos individuos que consigan empatizar con el lector, tampoco es sencillo.
Hemos conocido personajes de todo tipo a lo largo de muchos libros; el típico héroe legendario, la típica doncella en apuros, el rufián despiadado... La mayoría de las tramas cuentan con estos contrapuntos, denominados "personajes", con los que el escritor consigue dar los giros que desea a su argumento. Pero debo avisaros de algo; dichos individuos son los que más quebraderos de cabeza os causen. Por una sencilla razón, están vivos y no siempre se mostrarán de acuerdo con algunas escenas o el destino que les tengas reservado. Llegados a ese punto mi consejo es..., escucharlos.
Si en la entrada anterior comenté que era bueno crearnos un esquema para usarlo como mapa y no perdernos en la selva, existe un segundo factor a tener muy en cuenta, "la improvisación".
No todo es planear y seguir al milímetro lo planificado, sino... ¿dónde estaría la gracia?, ¿cómo nos divertiríamos entonces creando historias? Tenemos que respetar a los integrantes de nuestro juego, y eso se empieza por no forzarles a determinadas secuencias con las que parecen no estar de acuerdo.
Por ejemplo, no es lógico que si tienes a un personaje con un carácter fuerte, de repente se muestre sumiso porque a ti te conviene doblegar su personalidad en ese momento o que dos individuos se encuentren enzarzados en una pelea y acto seguido se estén dando la mano. No es lógico y el lector se dará perfecta cuenta de que estás forzando la trama a tu interés. Porque se nota, os lo puedo garantizar. El escritor jamás debe amordazar a sus personajes y tratarles como meras herramientas. Son nuestros amigos imaginarios y tenemos que aprender a respetarlos como a cualquier otro amigo real. Sólo así conseguiremos que la historia goce de credulidad y el lector se confíe, se entregue a soñar de nuestra mano.