Antes de nada, pido disculpas por no haber publicado ayer sábado, que es cuando lo suelo hacer, pero tuve un compromiso familiar que atender. No imaginéis nada sacrificado y engorroso ¿eh? Nada de eso, estaba a pie de playa poniéndome hasta las cejas de paella y tarta. Pero en fin..., así de dura es la vida a veces XD.Luego para colmo de males, llego a casa, abro el correo y ¿qué me encuentro? Una magnífica reseña que a lo largo de esta semana colgaré para no saturaros hoy con tanta novedad.
Y ahora sí, querid@s amig@s, vamos con el tema que nos ocupa en este momento, el registro de obras. Antes de mandar nuestra novela a cualquier parte o prestársela a quién sea, debemos actuar con sensatez y cubrirnos las espaldas.
No es la primera vez ni será la última, que una editorial lanza una novela que había sido rechazada dónde al autor se le comunicaba la famosa frase de "su obra no tiene cabida en nuestro catálogo". Después curiosamente sí tiene cabida sólo que el nombre del autor rechazado no, por lo que figura otro XD. ¡Mucho cuidado con este tema!
La impotencia y el pesar que deben sentir esas pobres víctimas es indescriptible y tenemos que evitar convertirnos en una de ellas.
Bien pues para ello acudiremos al registro de propiedad intelectual de nuestra ciudad, con un original impreso y pagaremos las respectivas tasas (no suele ser más de 15 euros). ¡No cometáis el mismo despiste que yo! Resulta que cuando llegué al registro con mi manuscrito dentro de una bolsa de tela, la funcionaria que me lo había aceptado, casi me lo devuelve por no estar debidamente encuadernado. Encima mi nombre no figuraba en la portada y las páginas tampoco estaban numeradas.
Entonces aquella amable mujer en lugar de mandarme de vuelta a mi casa, me sentó en una mesa a su lado (como las profesoras hacen con los burritos de clase)y cuidó de que hiciese bien los deberes. Al margen de esto, tuve que rellenar unos documentos y presentar el justificante de pago de las tasas.
A continuación la funcionaria me colocó un sello, me entregó el documento y me dijo; tienes hasta seis meses para hacer cualquier cambio, una vez venza el plazo y quieras modificar el manuscrito, tendrás que hacer un nuevo registro. Luego sonriente añadió; a partir de este momento quedas protegida. Y salí de allí, igual de contenta que si me hubiera entregado las escrituras de un chalet en Ibiza, porque ya tenía una prueba que demostrar al mundo que esa novela era mía.