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sábado, 21 de enero de 2012

A esos ilustres

Hace unos días cometí el error de entrar en un grupo de literatura a cotillear. No suelo hacerlo, no me gusta el tipo de ambiente que se suele cocer allí. Pero me aburría como una ostra y además, ya que habitualmente me incluyen en los grupos sin ser invitada (de las estupideces del facebook ya escribiré otro día), pues decidí por una vez sacar provecho de esa situación. Ni que decir que pagué cara mi curiosidad y recordé por qué no suelo entrar en sitios de estos. Me pillé un mosqueo... los mosqueos que me suelo pillar cuando leo según que comentarios en algunos grupos literarios.
En esta ocasión fue también por lo mismo de siempre: el típico prepotente que se las da de sabiondo de las letras. Esos escritores con muy mala leche y con un concepto de si mismos a prueba de balas, que suelen expresar su opinión desde su tribuna de jueces. Ellos se ponen la toga, sostienen el martillo en alto y deciden quien tiene talento para escribir, que obras merecen la atención de los lectores, e incluso, que lectores merecen ser considerados.
Estos eruditos de las letras dicen cosas como “no todo el mundo debería escribir”, “la escritura es un arte y no un pasatiempo como se creen algunos”, “los best-seller, son best-seller porque los compran lectores analfabetos que no saben apreciar la literatura de verdad”.

Estos eruditos se permiten el lujo de ser así de críticos porque ellos son unos genios y lo saben. No importa que nunca hayan publicado un libro y que las novelas que escriban, solo les gusten a su madre y al tendero de su barrio. No todo el mundo sabe apreciar la literatura de verdad y hoy en día o escribes sobre vampiros vegetarianos, o estás perdido (como si les oyera hablar). Estos eruditos están por encima de esos aficionados que más que escribir, aporrean el teclado. Estos ilustres, estos sabios, estos doctos (como diría mi amiga Enone), no necesitan aprender el noble oficio de la escritura. Ellos nacieron recitando a Calderón de la Barca y andan sobrados de experiencia. De hecho andan tan sobrados de eso, que no dudan en señalar a los escritores que sí han logrado publicar y que sí gozan de la simpatía de un buen numero de lectores. Estas razones nuestros amigos los ilustres, se las pasan por el forro y piensan que esos éxitos son gracias a un puñado de lectores hormonados y sin criterio que se pirran por el guaperas de turno. Ellos no necesitan caer tan bajo, ellos no escriben obras comerciales porque ellos, por no necesitar, no necesitan ni lectores y escriben para sí mismos. Hay que joderse con lo que dice Manolete.

Bien, pues esta escritora de novelas sobre amoríos, dará su particular opinión de lo que según para ella es, ya no solo un escritor, sino cualquier artista.
Un artista es un rebelde por naturaleza. Nació con una sensibilidad especial para captar su alrededor, y da la casualidad que su alrededor forma parte del mundo y el mundo es un lugar muy jodido, por lo que el artista, siente la necesitad de expresarse a través de su sentimiento. La historia del arte está llena de ejemplos. Por eso hay una escultura llamada El Esclavo Moribundo de Miguel Ángel, que simboliza la fe verdadera de los pueblos paganos, aun cuando la religión católica ejercía una gran opresión en aquella época. Por eso hay un diario escrito por una niña llamada Anna Frank, que exterioriza la dura realidad que tuvo que soportar con su familia, en un almacén de Amsterdam durante la ocupación nazi. Por eso el fresco de La Maja Desnuda de Goya, plasmaba a una mujer desvestida aun cuando en la época estaba muy mal visto que una dama enseñara los tobillos. Por eso hay tantas y tantas obras en la historia del arte, donde ha quedado reflejado ese sentimiento rebelde. Por eso cuando contemplamos, escuchamos o leemos la creación de cualquier artista, hay que hacerlo más allá de lo evidente, hay que leer entre líneas para captar su alma insumisa. Por eso no creo que haya un sólo artista en el mundo que no entregue algo de si mismo con cada una de sus creaciones. Y por eso, volviendo al tema de la literatura, detesto cuando ciertos merluzos se permiten la osadía de afirmar que hay libros escritos con alma y otros no.

Luego está el eterno debate de si un escritor nace o se hace. Pues las dos cosas, oiga usted. El escritor como otro artista más, nace con esa sensibilidad especial pero también tiene que aprender a encauzarla. Ningún escritor llega al mundo sabiéndose el abecedario. Desde Homero, Torcuato Tasso, Francisco de Quevedo, Alexandre Dumas, Charles Dickens. Hasta más actuales, José Saramago, Gabriel Garcia Marquez, Mario Vargas Llosa... ¡Todos, absolutamente todos!, han tenido que aprender las leyes de la escritura. Algunos desde sus casas, otros en el colegio y otros de mayores. No todo el mundo se podía permitir unos estudios y aprendían como podían. Pero en la actualidad son un claro referente para otros escritores, ya que hoy en día ocurre lo mismo, hay escritores con estudios y otros, como es mi caso, que están aprendiendo de adultos. ¿Significa eso que tienen menos talento? ¡pues no! Significa que tienen que aprender lo que en su día no hicieron o no pudieron. Pero lo que bajo ningún concepto deben dejar de hacer, es dejar de escribir, y menos porque cuatro memos con aire de Cervantes consideren que “no todo el mundo debería escribir”. ¡Sí!, sí debes, si tienes ganas y una historia que contar. Luego se corregirá y se reescribirá las veces que haga falta, porque para aprender siempre hay tiempo.
Disculpen si por el camino he cometido alguna falta gramatical, de ortografía o de sintaxis, estoy segura de que mi postura ha quedado bastante clara.

P.D. Y a ver si dejan de agregarme por el morro a grupitos de literatura, ¡coño!, que un día me voy a comer la cabeza de alguien o me voy a envenenar con mi propia bilis.