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sábado, 20 de agosto de 2011

Dana Román

Cuando decidí crear este blog lo hice pensando en acercar mi novela "El Arcángel de luz" a los lectores. Luego también llegué a la conclusión que sería un grave error convertir mi rincón en un panfleto publicitario, por lo que añadí nuevas secciones con la idea de aportar un poquito de mis conocimientos sobre el mundo literario y al mismo tiempo, pudiera ser de vuestra utilidad. De manera que no penséis que abandono la sección "Y tú que opinas". Simplemente hoy vuelvo a los orígenes del blog y os traigo un fragmento inédito de la protagonista de mi novela. Pero a diferencia del libro, aquí Dana no es una joven periodista de veinticinco años que cuenta con ciertas experiencias vividas. Aquí es mucho más jovencita, inocente y natural. Ni siquiera es adulta y desconoce aspectos de la vida en general y de su propia vida que le hacen (como una adolescente más) cuestionarse el mundo en el que vive. Espero que os guste esta nueva o antigua Dana, (como queráis llamarlo XD) y que los lectores que todavía no la conocen, puedan tener cierta idea de quién es esta chica de mente despierta y de actitud algo rebelde. De ser así, de ser de vuestro agrado e interés, puedo incluir nuevos fragmentos. Y ahora sin más dilación os dejo en sus manos. (Todos los derechos reservados)

Querido diario;
leo y escribo desde que puedo recordar, pero si me preguntasen por el momento justo en que eso ocurrió, no logro encontrar una respuesta concreta. Simplemente un día me detuve a pensar que en alguna ocasión debí aprender a plasmar en un papel mis pensamientos y ahora escribo con la misma naturalidad con la que respiro. Por eso después de darle muchas vueltas hoy he decidido estrenar el cuadernillo de notas que Laura me regaló por mi cumple. Claro que ella lo había hecho pensando en otros fines más románticos a los que yo le daré uso. Ella realmente quiere que escriba sobre chicos. Esos chicos que según Laura a mis catorce años recién cumplidos, ya estoy en edad de conocer. Mamá en cambio no lo ve tan claro y para mi sorpresa, tengo que darle la razón.

Cada vez que intento visualizarme a mi misma cogida de la mano de un chico —como he visto hacer a Laura con su nuevo novio—, el estómago me salta asqueado. Y cada vez que pienso en el momento de dar ese primer beso sobre unos labios cuyo dueño seguramente tendrá el rostro lleno de espinillas y esa pelusilla asquerosa —que Laura se empeña en llamar barba—, entonces tengo que hacer verdaderos esfuerzos por no vomitar. El amor es un asco y no me hace falta vivirlo para saber algo así. He visto en mi amiga y otras chicas de clase, los síntomas que provocaba el virus y sobre todo, lo estragos que causa en la mente; suspiros involuntarios, pérdida repentina del habla con el sujeto deseado delante, falta de auto control y dificultad para pensar con claridad. Definitivamente no quiero caer enferma del mismo mal.

Pero mamá y Laura no sólo se ríen de mi opinión al respecto sino que por el contrario, ambas coinciden en que el amor es algo maravilloso. Aunque a decir verdad cada una lo expresa de un modo distinto. Mi amiga se exalta detallándome sus citas con su novio o lo que empieza a sentir por otro, y mi madre siempre se pone cursi y nostálgica al recordar a mi fallecido padre.

Dice que soy igual que él, de carácter observador e introvertido, y pese a ello he heredado también su capacidad para meterme en líos. En lo que a mi parte se refiere, debo reconocer que tiene algo de razón. No sé como hago, pero siempre acabo implicada en algún malentendido o reyerta de patio de colegio y por consiguiente, con el cuerpo lleno de rasguños y moratones. Sencillamente es superior a mí tener que callarme a veces.

Sin embargo no tengo esa imagen de las escasas que conservo de mi padre. De él recuerdo más bien, aquellas maravillosas historias que me contaba sobre magia y seres de distinta naturaleza. Quizás sea estúpido pero... en el fondo sueño con la idea de que ese mundo existe y lo mejor de todo, que yo formo parte de él.

Dana Román