Hola amigos, antes de nada: muchas, muchísimas gracias por las muestras de afecto y felicitaciones que me habéis ofrecido por la noticia que di hace unos días, en la entrada “sorpresa”. Yo tenía un poco de miedo porque pensaba que a lo mejor me iba a quedar sola con el gorrito de fiesta y el matasuegras en la mano, y no ha sido así. Todo lo contrario; vuestros comentarios me han llegado a la patata. Sois geniales y yo una pelota, pero una pelota sincera jeje.
Y es por esa misma noticia que hoy escribo esta entrada. Como muchos ya sabéis, he conseguido agente literario y uno de los primeros consejos que me ha dado, es que actúe con prudencia. ¿Y eso qué significa? Bien, pues eso significa por ejemplo, que tengo que tener mucho cuidado con lo que publico, por lo que he decidido borrar algunas entradas; la sinopsis de la novela, los personajes y... (no me matéis, por favor, por favor) eso también afecta al diario de Dana. No borraré los capítulos que están puestos pero de momento prefiero no continuar con la historia. Me sabe fatal dejaros colgados así y os pido que me disculpéis por ello, pero como dice ese refrán tan sabio, es preferible prevenir que curar. Espero que lo entendáis.
No obstante, sustituiré el diario de Dana por algunas de las anécdotas que me ocurren. Cuando escribí el balance del 2011, algunos me dijisteis que me había salido el carácter del personaje y tengo que aclararos una cosa: os equivocáis.
Yo no soy como Dana, yo soy mil veces peor que ella. Yo a veces soy una auténtica arpía y ella a mi lado se vuelve un angelito.
Los que me tratan por facebook o me acaban de conocer, dicen que soy maja. Y es que sinceramente trato de ser educada y de tener buenas palabras para quien se me acerca de buen rollo. Pero los que me conocen personalmente y los que han osado a tocarme las narices en algún momento de mi vida, también saben que tengo una lengua afilada y que gruño con bastante facilidad. Vamos, que soy una irremediable bocazas con malas pulgas. Luego tengo otro defecto (o cualidad, según se mire), me suelen pasar situaciones muy extrañas. Por ejemplo: una vez que iba en autobús, toque el botón de solicitar parada y cuando quise bajarme, el chófer no me vio, cerró las puertas antes de tiempo y me pilló una pierna. El resto de los pasajeros comenzaron a gritar en el momento en que arrancó el bus con mi pierna de puertas afuera. Afortunadamente hoy estoy escribiendo esto con las dos extremidades íntegras y aún me río al recordar la cara del chófer al darse cuenta de su error: se puso blaaaanco como el papel.
Esta es una pequeña anécdota pero tengo más, muchas más que me darían para escribir otra novela.
Por cierto, os dejo el enlace de mi , página web por si os aburrís y queréis pasar a cotillear.
¡Un saludo a todos!

