Hace un tiempo, mi novio (alias: Pepito Grillo) me dijo como quien no quiere la cosa, deberías cortarte el pelo y hacerte algo... Me entró el pánico. Pensé, debo estar fea de cojones para que me sugiera algo así. Y la verdad, siendo honesta: parecía la novia cadáver sufriendo un mal día. Además, soy de las que dicen, a mí el que dirán, no me importa, y para demostrarlo se pone un gorro ruso y un chándal con botas de agua. Juro que así paseo por mi barrio.
Pero en el fondo, sí que me importa (solo un poco), o por lo menos me importó cuando una señora que iba delante de mí, agilizó el paso por miedo a que la atracara antes de llegar al supermercado. Me lo tomé como otra señal de que debía cambiar.
Así que, quedé con mi tía que es una super peluquera, pero baila de pena jeje, y ella me preguntó:
—¿Qué quieres hacerte?
—No sé, hazme mechitas rubias que el tarugo de mi novio sigue pensando que mi pelo es castaño.
(A ver si te enteras que soy rubia oscura, hombre ya).
—¿Y te hago las mechas con el gorro de silicona para que queden más finas?
—Mmm, pues vale.
—Ya, pero con ese pelo largo que tienes, el gorro de silicona será una tortura. Al menos me dejarás cortarte un poco.
—Sí, sí, yo me pongo en tus manos.
Ups, a mí tía le brillaron los ojos y yo sabía que la había cagado, porque no se le puede decir a una peluquera que pretende cortarte las puntas, me pongo en tus manos.
¡Mierda!, me esquilará como a una oveja. Bueno, en fin, ¿no quería hacerme un cambio de look?, pues seré una skin.
Me senté en la silla, dejé que me cortara lo que quisiera y dejé que me pusiera el gorro de silicona. Para aquellos que no lo sepan, hacerse mechas con un gorro de estos, equivale a una tortura parecida a las que le hacen a una mujer tailandesa cuando alcanza la mayoría de edad. Te ajustan en la cabeza una especie de preservativo grueso y con una aguja de crochet, te van sacando el pelo mechón por mechón. Hasta que la peluquera consigue reunir una cantidad suficiente para teñir, o tú sencillamente no aguantas y te vas para tu casa con el gorro puesto y los pelos de Doc, el científico loco de Regreso al Futuro.
Mas o menos, así:
Yo no, yo aguanté como una mujer tailandesa. Pero no para demostrar que era una mujer, sino por vanidad.
Tras (mechón fuera)
Tras (otro mechón fuera)
—¿Te duele? —pregunta mi tía.
—¡Qué va! —respondo aguantando los lagrimones.
Tras (más mechones fuera)
Tras (y más mechones)
—¿Segura que no te duele? —insiste.
—Un poco —reconozco.
Traaasssss
—¡Aaay!,
—Vaya, ese mechón se me ha quedado entallado.
La madre que te parió, que es mi abuela, dime la verdad: ¿te estás vengando por la cantidad de veces que me tuviste que cambiar el pañal o tragarte la Sirenita?
—No te preocupes. Son cosas que pasan —le aseguro con una sonrisa falsa.
Pero termina ya, o pillo a uno de tus perros (el que tenga más pelo) y le hago lo mismo.
—¿Y dices que este sábado vas a salir?
Hay que ver, la capacidad que tengo para llevar un diálogo, mientras sufro como una perra y maldigo en silencio.
Tras.
Tras.
Y sigo cagándome en todo y hablando con una sonrisa. Soy un crack.
Cuando por fin acabó de torturarme, sentía como anestesiada la cabeza. Sentía que no tenía cabeza, dejemoslo ahí. Y sentía odio hacia mi tía.
Luego la volví a querer al comprobar el resultado; mi nuevo corte de pelo, mis mechitas rubias y naturales... Ains..., estaba yo, pretty, pretty.
Fijaos si tenía el guapo subido, que iba por la calle atusándome la melena con los dedos y mirándome de reojo en los escaparates. ¿Ridículo verdad?, pues aún hay más. Llegué a mi casa y lo primero que hice fue comunicarlo en el facebook, después fui al baño a peinarme unas cien veces y más tarde, me quité el abrigo. ¡Yo!, que iba al supermercado en chándal y con botas de agua, era esclava de mi imagen. Afortunadamente, la tontería me duró ese día y recuperé el juicio.
Bueno, os dejo que tengo que alisarme el pelo.
P.D. Hablando de cambios de look, ya os vale criticar el nuevo look del blog, no tenéis estilo ninguno XD.

